El Día de los Abuelos debería ser todos los días. Son esas personas entrañables que nos quieren, que nos cuidan, que nos miman, que nos cuentan historias y tantas otras cosas más. Desde luego yo he sido profundamente afortunada. No puedo explicar con palabras los yayos que he disfrutado. Este 2019 se ha llevado a dos de estas cuatro joyas dejándome huérfana de abuelos. Han creado una grandísima familia que los ha cuidado hasta el último momento y que los lleva en su corazón como el mejor de los tesoros. Nos han dado siempre lo mejor de si mismos, su mejor versión. Han mantenido unida a su gran familia y luchado por su felicidad. Recuerdo mi infancia de color de rosa y, eso, es gracias a ellos, a mis padres y a mis tíos. Era una burbuja de protección donde todo era felicidad. Pero claro, la vida no es así. Aunque yo no lo sabía. Y llegó el día en que todo cambió. Mi yayo Manolo, mi yayo del alma, tenía cáncer. Sí, esa puta enfermedad que nos ataca y que tenemos que vencer. En mi familia sabemos de qué estamos hablando. Y, entonces, la burbuja explotó. Y descubrí de qué iba la vida en realidad. Por eso cada instante cuenta, por eso hay que disfrutar de la gente. Aquí os dejo mi humilde homenaje a mis cuatro héroes: Félix, Manolita, Manolo y Visantica. Os llevo en mi corazón. Por último, la palabra mágica de hoy y siempre: GRACIAS.
El Dia dels iaios hauria de ser tots els dies. Són eixes persones entranyables que ens estimen, que ens cuiden, que ens mimen, que ens conten històries i tantes altres coses més. Per descomptat jo he sigut profundament afortunada. No puc explicar amb paraules els iaos que he gaudit. Aquest 2019 s’ha portat a dos d’aquestes quatre joies deixant-me òrfena de iaios. Han creat una grandíssima família que els ha cuidat fins l’últim moment i que els porta en el seu cor com el millor dels tresors. Ens han donat sempre el millor de si mateixos, la seua millor versió. Han mantés unida a la seua gran família i lluitat per la seua felicitat. Recorde la meua infància de color de rosa i, això, és gràcies a ells, als meus pares i als meus oncles. Era una bambolla de protecció on tot era felicitat. Però clar, la vida no és així. Encara que jo no ho sabia. I arribà el dia on tot va canviar. El meu iaio Manolo, el meu iaio de l’alma, tenia càncer. Sí, eixa puta enfermetat que ens ataca i que hem de véncer. En la meua família sabem de què estem parlant. I, aleshores, la bambolla va explotar. I vaig descobrir de què anava la vida en realitat. Per això cada instant compta, per això s’ha de gaudir de la gent. Ací us deixe el meu humil homenatge als meus quatre herois: Félix, Manolita, Manolo i Visantica. Us porte al meu cor. Per últim, la paraula màgica de hui i sempre: GRÀCIES.


Hola
Gracias por abrirnos tu corazón con estas maravillosas líneas que has escrito y que para poder leerlas en su totalidad hemos tenido que parar varias veces.
Te queremos.
Besets
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Ya decía yo que algo se me escapaba, hablabáis de sentimientos y yo solo veía la presentación del blog.
Menos mal que no me he rendido y por fin he llegado al meollo. Ahora ya entiendo la expresiones de cariño. Muchas gracias a todos y todas por estar ahí.
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Gracias sobrina por esa expresión de sentimientos tan bonita.
Yo también recuerdo a mis abuelos. A los paternos no les conocí, pero con los maternos recuerdo haber convivido con ellos todos los días de mi vida hasta que murieron en nuestra casa, después de cuidarlos muchos años con cariño y esmero, rodeados de toda su familia.
De mi abuela tengo el recuerdo de verla, cuando todavía estaba bien, haciendo encajes de bolillos. Qué maestría!!
También la recuerdo ayudando a mi madre en la tarea de zurcir calcetines, entonces había que ser más ecológicos a la fuerza. No se podía usar y tirar. La recuerdo sentada siempre junto a la mesa camilla con una aguja de coser en la mano o simplemente con los brazos cruzados sobre esta.
De aspecto enjuto, bien peinado el pelo cano en un recogido en la nuca y muy meticulosa y ordenada.
Era muy pulcra, siempre con su delantal limpio y bien estirado, era lo primero que hacía cuando se ponía de pie.
La recuerdo con un carácter serio, pero amable, y atenta con nuestras necesidades.
Le gustaban mucho las uvas, que comía con pan, y los cacahuetes. Estos, como no tenía nada más que dos dientes, no los podía masticar y para ella era una gran alegría cuando se los picábamos en el mortero y se los ofrecíamos para comerlos con una cucharilla.
Siempre tan personal en el orden de sus pocas de cosas, cuando revolvíamos en su cómoda de la ropa para ver monedas antiguas u objetos personales que nos gustaba observar, nos delataba a mi madre: ya ha estado alguna de las «chiquetas» tocando los cajones!! Ah! Y ojo con el «acerico». Una almohadilla de tela de seda rosa que ella se había confeccionado con todo el esmero del que era capaz. Allí pinchaba los alfileres y las agujas de coser que le gustaban, porque si no cuando buscaba una nunca encontraba la adecuada.
Recuerdo como entrañables los momentos cuando me cortaba las uñas porque suponía un acercamiento físico y afectuoso. Y más todavía cuando me limpiaba los oídos con un gancho del pelo apoyada mi cabeza sobre su regazo. Normalmente me hacía daño, pero aguantaba sin protestar para disfrutar durante más tiempo del momento.
Son muchos los recuerdos que me hacen pensar que cada niño y niña necesita unos abuelos y abuelas en su vida para su buen desarrollo afectivo y emocional.
De mi abuelo hablaré otro día.
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